Viernes, 26 de Mayo de 2017

Viernes, 26 de Mayo de 2017


Por Manuel Sierra


No somos británicos, pero...

“Aerolíneas Argentinas es una parte de nuestra historia, al igual que YPF, que no se puede ignorar y maltratar mostrándola como un bastión político, es muchísimo más que eso”.

La semana pasada recibimos muchos comentarios acerca de nuestro anterior editorial “La cancha embarrada”. Algunos sorprendentes y otros para sorpresa. Ante todo, ratificamos todo lo dicho. 
Se ven en el horizonte actitudes desestabilizadoras para con la aerolínea de bandera y en muchos casos son producto de soldados de la causa -vaya uno a saber cuál- que pretenden ser más papistas que el Papa, en otros simples voluntaristas que se suman a la crítica porque está de moda. Tómelo o déjelo, pero con sólo observar la cotidianeidad se le ve la hilacha a la opereta.
No sucede lo mismo con el resto de las aerolíneas que operan u operaran en el futuro cercano, las que por acción u omisión siempre salen bien paradas, fundamentalmente por su bajo perfil.
En nuestra opinión, y para que quede claro, todo se reduce a no perder la memoria, tan sencillo y tan difícil como eso.
Aerolíneas Argentinas es una parte de nuestra historia, al igual que YPF, que no se puede ignorar y maltratar mostrándola como un bastión político, es muchísimo más que eso.
Si para algunos fue un modelo de la recuperación de nuestra identidad y soberanía, pero para otros es el sinónimo más recalcitrante de la corrupción K, algo nos dice que ninguno de los dos entendió de qué va la cosa.
Aunque los tiempos han cambiado, la función de Aerolíneas Argentinas sigue siendo la misma desde el día de su creación, acortar las distancias para conectar a la gente de este gran país, de norte a sur, de este a oeste.
A pesar de eso la crítica sigue siendo siempre la misma, que el Estado debe correr con el costo de subvencionar a la compañía y por lo tanto esa es una pesada carga para el erario. 
No seamos ingenuos, es muy difícil comparar a Aerolíneas Argentinas con cualquier línea aérea privada, ya que el principal objetivo de estas es ganar dinero -aunque de hecho muchas son deficitarias-, mientras que para la aerolínea de bandera su principal objetivo es acercar a la gente, aun a costo de perder plata.
Los trenes en Gran Bretaña son estatales y padecen el mismo problema de falta de rentabilidad, sin embargo ningún británico se manifiesta en contra de los subsidios que reciben los trenes. Y aunque ellos también tienen su grieta, nunca lo sintieron como una pesada herencia.