Miércoles, 26 de Julio de 2017

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Actualidad

Bajo presión

Los casos de Iguazú y Bariloche, sumados a destinos tan emblemáticos como Barcelona, ponen en tela de juicio a las tasas turísticas. ¿Está bien cobrarles un tributo a los turistas? La mirada de los diversos sectores.

La noticia se conoció hace escasos días e irrumpió con fuerza en el sector turístico: Barcelona impondrá una tasa a todos sus visitantes aunque no pernocten, el objetivo de la nueva tasa, según el Ayuntamiento, es minimizar el impacto de los 30 millones de turistas que visitan la ciudad y de los cuales solamente ocho millones pernoctan en hoteles y pagan la tasa actual de la Generalitat.
El hecho, casualmente, coincidió con la decisión de la Municipalidad de Puerto Iguazú de trasladar a los hoteles, hostels y cabañas la responsabilidad del cobro de su tasa “ecoturística”. Antes lo realizaban los empleados municipales en el acceso a la ciudad, pero la Municipalidad decidió que ahora lo realicen los alojamientos, incluyéndola en su tarifa.La tasa (cuestionada por varios actores del sector local) comenzó a ser cobrada a principios del año pasado. Y al igual que Iguazú, Bariloche también comenzó a implementar un medida similar, pero a principios del corriente. En dichos casos, el objetivo expresado por las autoridades es desarrollar turísticamente el destino. La pregunta, entonces, está planteada: ¿contribuyen realmente el cobro de las tasas turísticas?

AHT al cruce
Como en cada discusión, antes de comenzar la disputa verbal, hay que separar la paja del trigo. Por eso, Aldo Elías, Presidente de la Asociación de Hoteles de Turismo de la República Argentina (AHT), sostiene que los casos de Bariloche e Iguazú presentan leves diferencias entre sí. Aunque aclara que, en ambos ejemplos, “la medida no es buena”. En lo que respecta a Iguazú, describió al sistema propuesto como “hecho a los ponchazos, apurado y sin criterio”. Además, agregó que “es desprolijo y hasta arcaico el mecanismo de cobro, a través de vouchers.
No obstante, apunta que hubo una reunión con el gobierno local, donde se presentó una contrapropuesta (“muy superadora”), pero que no fue tomada en cuenta. En cambio, explica, con las autoridades de Bariloche ni siquiera existió esa posibilidad. “No tuvimos el espacio para opinar, sugerir o proponer”. A la situación la califica de compleja, ya que le están trasladando carga administrativa a los hoteles, “algo que no corresponde”. “Esto”, arriesga, “es otro mecanismo más que desalienta la intención de hacernos fuertes en el turismo receptivo”.
“Este país, a nivel interno, no resiste más un impuesto. Hay que poner la creatividad en otro lado”, dice y asegura que al compás de la creación de tasas, aumentó la carga que se ejerce a las empresas. “La AFIP lo tomó como un deporte a nivel nacional”, admite, con algo de sorna. 
“(La AFIP) Debe controlar y ampliar su base tributaria, y no tiene por qué pasarme a mí, empresario, la responsabilidad de retener impuestos a las ganancias o que haga retención de ingresos brutos”. Y concluye: “No tengo  porque ser un organismo de control de la AFIP, para eso tienen gente en la calle y un sistema. Esto, indefectiblemente, me obliga a, en vez de tomar una mucama o un mozo, a una persona que se dedique a la administración de los controles que ellos quieren hacer a costillas nuestras”.

FEHGRA de pie
Al igual que Elías, Gustavo Fernández Capiet, vicepresidente de la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (FEHGRA), sostiene que ambos casos son diferentes. Aunque coinciden, por ejemplo, en la percepción de que el hotelero de Iguazú es el principal perjudicado al ser el encargado de cobrar la tasa, ya que ahora carga con una responsabilidad burocrática (“hacemos de soporte del Estado”). Asimismo, calificó a la medida de perjudicial a la hora de pensar en competitividad, porque “ni Paraguay, ni Brasil te cobran algo así”.
Desde FEHGRA, cuenta, no están de acuerdo con la tasa. “Estamos viviendo una situación de presión fiscal como no se ha visto nunca en los últimos años, y la creación de este tipo de tasas no ayuda”. Consultado sobre el objetivo que busca la tasa turística, menciona: “Desde lo exclamativo, todos los impuestos tienen un fin noble, lo que pasa es que ellos denominan tasas a algo que técnicamente es un impuesto. La tasa, para que sea tal, es el valor de la contraprestación de un servicio dado a determinada persona, y acá eso no ocurre”.
Por último, cita el ejemplo de Salta, que sí tiene una tasa de alojamiento, pero que está únicamente vinculada al Salta Convention & Visitors Bureau. Pero es un concepto totalmente distinto, aclara, porque el turista lo paga si desea, es decir, es totalmente voluntaria. De hacerlo, relata, el visitante obtiene diversos tipos de beneficios y descuentos. “Esta medida ha sido efectiva y exitosa, y no ha sido cuestionada por turistas ni hoteleros, a diferencia de lo que ocurre en Iguazú y Bariloche”.
El sector público también opina
Según el ministro de Cultura y Turismo jujeño, Carlos Alberto Oehler, “hay destinos emergentes donde es absolutamente inaplicable una tasa pensando en el desarrollo del destino. No creo que haya una situación igual y que se pueda evaluar de la misma manera la existencia de tasas en algunos destinos y la pretensión de imponer tasas en otros destinos. No se puede generalizar”.
En ese sentido, Oehler considera “razonable la imposición de tasas en aquellos lugares donde tenés un flujo de turistas que está empezando a sobrepasar la capacidad de carga del destino. Es una buena herramienta para recaudar, en tanto y en cuanto, se invierta en mejoras que favorezcan el destino y una manera de regular para que se respete la capacidad de carga del destino”.
En cambio, “en los destinos emergentes, donde lo que necesitás es promover la visita de la gente, aplicar una tasa va en contrapelo con eso. No se puede hacer una evaluación genérica. Hay que hacer evaluaciones puntuales de acuerdo con cada destino”.
Con respecto a su provincia, el funcionario jujeño señala que “no estamos en condiciones de imponer ningún tipo de tasa. Al contrario, queremos abaratar costos, facilitar un mayor acceso a los turistas. Estamos en una etapa de promover el desarrollo del destino y, en principio, no tenemos ni por ventura pensada una medida de esa naturaleza”.
Por su parte, Héctor “Pichi” De Benedictis, presidente del Ente Turístico de Rosario (ETuR), como representante de una plaza turística emergente, no cree que sea beneficioso para el destino y señala que “hay que estudiar la situación de ciertas localidades. A las emergentes no les conviene aplicar tasas, porque la competitividad se le vuelve en contra”, aunque no se muestra totalmente en contra de su aplicación: “En definitiva, no estoy ni a favor ni en contra. Cada caso debe analizarse, es decir, en el contexto. Por ejemplo, Bariloche la destina a obra pública, porque es en el marco de la Secretaría de Producción y Turismo. Iguazú la destina a otra cosa, al desarrollo turístico o promoción”.
Sin embargo, el funcionario se pregunta por qué habría de cobrarse una tasa y, para colmo, a los turistas, sabiendo que las acciones llevadas a cabo por el Ente Turístico cuentan con un presupuesto asignado o un tributo que pagan los hoteleros y gastronómicos. “Acá, en Rosario, hace siete años que estamos debatiendo la posibilidad de incluir tasas. El tema aparece y desaparece, y siempre lo discutimos. Yo me niego a que haya taxes. En caso de que hubiera, deberían estar aplicados a cuestiones que no estén cubriendo una legislación y un presupuesto”, aclara De Benedictis.
Por otro lado, el encargado del Turismo en la ciudad santafesina destaca que cuando se cobra una tasa al turista, el beneficio debe ser destinado a este. “¿Por qué el turista debería pagar la obra pública? En ese sentido, no lo veo muy bien”, considera, ya que en muchos casos, ese visitante que aportó, tal vez nunca regrese a esa plaza y no llegará a ver las obras concretadas con su aporte.
“Todo lo que sea de alguna manera sobreprecio, una exigencia, sea para el comerciante o prestador de servicio, o turista, considero que no corresponde”, manifiesta Marcelo Quiroga, Secretario de Turismo de Paraná. “Todo lo contrario, para ser competitivos tenemos que bajar las tasas, es la única forma de conseguirlo”, recalca. 

Caso testigo
En diálogo con este medio, Diego Piquín, director Ejecutivo del Emprotur de Bariloche, reconoce que la recaudación que generan esas tasas contribuye a generar infraestructura turística, lo que permite una suerte de retroalimentación. “Si bien no es lo más cómodo para nadie, en especial para los hoteleros, que son los encargados de cobrarla, es por una buena causa y es sostenible en el tiempo, puesto que los montos no son prohibitivos”, agrega. Y finaliza: “Las obras ya se están empezando a ver, como el nuevo mirador de Bahía López”.